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A MI BARRIO, VILLA CASTELLINO

 

Pedazo de Avellaneda,

de la labor paladín,

desde Chile a Venezuela,

de Rivadavia al Fortín.

 

Mi viejo rincón querido,

hoy me dio por recordarte,

sin metáforas complejas

y sin frases elegantes...

con ese «chamuyo» simple,

con el que se expresa tu gente,

mientras desgrana nostalgias,

de tu pasado imponente.

 

Quisiera verte de nuevo,

viejo barrio de mi infancia,

con tu promesa de antaño,

con tu grandiosa pujanza,

Cuando diez mil inmigrantes,

en conventillos de lata,

felices daban sus brazos,

en las frías madrugadas.

 

Y en tus piedras desparejas,

mi recuerdo viene andando:

veo a Don Jorge Cocenza,

con sus chatas y caballos.

Mientras escucho el zumbido,

del inyector petrolero,

que en Papini funcionaba,

sin parar de enero a enero.

 

Y veo el almacén del Globo

Pancho Flotta en su vereda,

a sobral el carnicero,

y el boliche de Mattera.

Siento el tañir de los hierros,

de Thissen y Siam Di Tella,

que me despiertan de nuevo,

como en mis años de escuela.

 

Encuentro que van repletos el once y la Colorada,

de obreros que con su sangre,

forjan la patria soñada.

Mientras construyen la vida,

en sus andamios, día a día,

Vicente Ramos, Lombardi,

Martínez, Ungra y Gulías.

 

Y me sueño en Tuyú y Chile,

y en la eterna barra de la esquina,

mientras que Mingo Pranteda,

nos cuenta una historia linda,

oyendo un vals en la viola,

de Bernardo Tagliafico,

con la armónica de Paty

o el bandoneón de Don Tito

 

El almacén La Terraza,

y esos bailes de «El Progreso»

donde quedaron los ecos,

de Di Sarli o de D´Arienzo.

 

Cuando las noches de fiesta,

la Biblioteca palpita

y mil almas se divierten

con Varela Varelita

 

Doscientas palomas blancas,

cantando el himno respetan,

a nuestra gloriosa enseña,

frente a la escuela de Isleta.

Cuando la antigua campana

al unísono resuena,

con las sirenas de Alonso

y del lavadero de Neira.

 

¡Castellino! fuiste torno,

grúa, fragua, prensa y sierra,

adoquines desparejos,

y algunas calles de tierra...

Cuando yo viví el orgullo

de aquel  pueblo floreciente,

con arterias inundadas,

de agua y de buena gente.

 

Fuiste fútbol, comité,

política, tiroteos,

los picnics de Victoriano,

y los verdes y el boxeo.

Fuiste el Oliden, Los Rojos,

el Unión y Libertad,

el potrero de Papini

y el viejo puente ramal.

 

Sud América, Esmeralda,

Cepillito y Peñarol.

El café La Cubanita

y la barra de Agrupación.

El baldío de las vacas,

donde está la diagonal,

la farmacia de Cubelli,

y Don José de La Condal.

 

Fuiste Adolfo, Celestino

y nuestro Palito Balay,

Sigliano, Flotta, Marchetti,

Sanguinetti y Oleniak.

Abrodos, Carlos Montalvo,

Charlín, Pérez y otros más,

que al trasponer tus fronteras,

ganaron la gran ciudad.

 

¡Por eso es que hoy quiero verte!

en los cuarenta o cincuenta,

con tu desfile de obreros,

con tu alma fabril despierta,

mientras palpita en mi pecho,

la nostalgia de esos días,

en que la gloria hizo grande

tu pequeña geografía.

 

 

 

                    Mario Domínguez

 

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